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  • Sergio Saad

MEZCLADITA

Actualizado: abr 20

No me pude sacar de la cabeza el post SOMOS TIEMPO


Hace años que estoy obsesionado con viajar por el tiempo y lo que escribió ese tipo cuadra con lo que pienso. Por eso estoy yendo al hotel de Escobar, con mi escopeta calibre 12, para probar lo que dice el porteño: "El tiempo es una sucesión de cambios percibidos a través de los cinco sentidos, relacionados con experiencias vividas y articuladas por el deseo... Y la posibilidad de ir y venir en el tiempo está dada por la pregnancia de esos cambios". Estoy completamente seguro de eso. Y creo que esta vez voy a conseguirlo, porque no hay nada con mayor pregnancia que un disparo de Itaka.


Me llamo Benjamín y soy el CEO de una multinacional que maneja estaciones de servicio. Estoy cansado, desilusionado y alienado. Tengo 44. Mi deseo, lo que siempre quise, es ser cantante de tangos. Por eso tengo que saber si las cosas van a cambiar, o no.


Aunque sea un poco.


La interpretación del texto por parte de Benjamín fue libre. El post SOMOS TIEMPO publicado en el blog PERIPLAR.COM planteaba que la percepción simultánea a través de los cinco sentidos, necesariamente se vinculaba con experiencias vividas que generaban hitos temporales, mediante los cuales se podía desplazar el individuo. Pero Benjamín subió la apuesta y agregó lo que él llamaba un SHOT adicional, es decir un estimulo mayor que potencie el conjunto de sensaciones y asegure el traslado.


Benjamín pensaba en dispararse.


Por eso, cuando Benjamín llegó a la habitación de la cadena norteamericana de hoteles, lugar que habitualmente ocupaba con sus amantes, se sirvió un whisky doble porque ese era el gusto que quería tener al momento del traslado. Como sonido, eligió el del disparo, aunque de todos modos puso "Mano a mano" para que impregnara sus oídos. Su vista iba a estar concentrada en la tapa del disco "Un varón del tango". Y el olor, iba a ser la pólvora del disparo. Con respecto al tacto, iba a poner su mano en el interior del cajón de la cómoda, siguiendo esa vieja tradición de "tocar madera"... Esperaba que todo saliera bien.


Y por supuesto, el SHOT iba a ser una perdigonada en el hombro. Esa era su intención, a la hora de disparar.


-¡Vaaamos Benja!...- gritó. Disparó. Deseaba con todas sus fuerzas ser cantante de tangos.


La percepción conjunta fue inmediata: el whisky, la imagen de Julio Sosa, el sonido del disparo, el olor a pólvora y el terrible dolor que le produjo la herida en el hombro; se instalaron en su mente en forma simultánea. Apareció el recuerdo más feliz de su vida: su propia imagen cantando 'Volver' en un karaoke de Buenos Aires. Guiados por ese deseo, sus cinco sentidos lo llevaron a la costanera de Quilmes, a una bar de chapas. Ahí se encontró Benjamin, tres años después.


Había funcionado.


Lo despertó el ruido de la música colombiana. Estaba tirado en un catre, adormecido, con dolor en el hombro. Un señor mayor, entró en la pieza con piso de tierra y le dijo:


-Fino.... te toca a vos.-


Aturdido, Benjamín no entendía. Después vino una joven llamada Elisa que lo tomó de la mano:


-Vamos Benja... levantate.-


"El Fino" se incorporó, se refrrescó la cara en una piletita que había al costado del catre y se acicaló con el peine de la cadena norteamericana de hoteles que todavía llevaba en el bolsillo. Se dio unas palmaditas en los cachetes y salió al ruedo.


Sorprendido, se encontró con una enorme audiencia. Benja no lo podía creer...


Subió a un escenario precario, hecho con tambores de quinientos litros y tablones de madera. Frente a él, un playón lleno de mesas iluminadas con velitas dentro de botellas de agua mineral. Los faroles de kerosene, colgados en cañas, generaban un clima muy particular. Raro. Muy raro. Pero Benja estaba fascinado. Lo que siempre había querido. Lo que siempre había soñado. Estaba ahí. Era eso. Por eso no dudo, con un dolor de cabeza fulminante, el hombro que le ardía, agarró el micrófono y empezó a cantar como si siempre lo hubiera hecho.


'A media luz' ...

'Cambalache' ...

'El choclo' ...

'Malena' ...

'Por una cabeza' ...

'Volver'...


Y cerró con "El día que me quieras".


Si bien sorprendió a su público que esperaba algo más movidito, igual los cautivó.


Hubo tantos aplausos que tuvo que repetir 'Volver'... Fue un éxito rotundo.


En el interín, la parrilla no daba abasto. Se comian morcipanes y choripanes. De vez en cuando una bondiolita. Y para los más delicados, sandwiches de vacío con lechuga y tomate. Mientras algunos bailaban, Benja seguía cantando. Feliz. Se le habían pasado todos los males. Las chicas paseaban por las mesas riendo y volcando el contenido sobrante de los vasos en una olla gigante. Le echaban hielo, revolvían y lo volvían a servir....


-Mezcladita para todos.- gritaban.


Entusiamado como estaba, Benjamin tomó a Elisa de la cintura y la quiso besar. Elisa le dio un soberano cachetazo que sumado al sabor de la mezcladita, el olor de los chori en la parrilla, la vista de un público tan variado y escuchando su propia voz en los parlantes, generaron otro conjunto de percepciones. Pero el cachetazo no fue un estimulo adicional suficiente para realizar un traslado temporal. Fue el novio de Elisa, el parrillero, quien le aplicó un contundente SHOT en la cabeza con la pala que usaba para el carbón; devolviéndolo al hotel de Escobar tres años antes.


Benjamín estaba en lo cierto, el SHOT era necesario.


-La noche no tiene cuna...- le dijo al tío cuando abrió los ojos en la habitación del hotel.


Estaba atontado y con el hombro destrozado.


El tío de Benjamín estaba asustado. Vio el charco de sangre y la Itaka en el piso y se dio cuenta de lo que había sucedido. Había que sacar al hijo de su hermana del negocio. No eliminarlo, sacarlo. No dudaba de su lealtad: Benjamín siempre había sido su seguro, su mano derecha, su sucesor natural. Pero estaba fulminado. Agotado. No daba más. El tío no dejó entrar a nadie en la habitación, excepto a su guardaespaldas. Convinieron que iban a darlo por muerto; así que lo sacaron en camilla y generaron el traslado. Esta vez del supuesto cadáver. Eso dijeron a su esposa. A sus amigos. A todos. Eso dijeron en las estaciones de servicio.


Publicaron en los diarios que Benjamín se había amasijado.


Lo cierto es que el tío no lo mandó a Bahamas, ni a Panamá. Lo guardó en una de sus estancias. En Magdalena, en la costa del Río de la Plata. Ahí Benjamin se recuperó de la lesión en el hombro. Después de un tiempo empezó a salir por las noches. Comenzó a frecuentar Atalaya, Punta Indio, Berisso. Y la costanera de Quilmes. En los boliches, de a poco, lo fueron conociendo y se fue animando a cantar. Un tanguito o dos.


Después de tres años ya era un clásico en los chaperios de la costa que sirven choripanes, morcipanes y mezcladitas. El público lo bancó desde el principio. Le puso "El Fino".


Aunque Benja siempre fue uno más....


Y por supuesto, jamás volví a faltarle el respeto a ninguna sirena del Río de la Plata.


Son bravas.


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