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  • Sergio Saad

SOMOS TIEMPO

Actualizado: abr 19

-Los afectos no envejecen...- Esta afirmación la hizo un gran profesor.


Y me marcó.


La sucesión de cambios, percibidos por nosotros a través de los cinco sentidos, en forma consciente e inconsciente, es lo que llamamos tiempo. La duración del periodo en el cual suceden esos hechos, está homologada por una cuestión económica, que tiene que ver con los disposición de los recursos; pero por ejemplo, el periodo llamado año no tiene la misma duración para una persona mayor que para un niño.


Existe una sucesión infinita de hechos que percibimos constantemente a través de los cinco sentidos, en forma consciente e inconsciente. Esas percepciones combinadas, antes de ser almacenadas, son clasificadas a través de los registros de experiencias anteriores con un orden propio para cada individuo. Son los afectos.


Si los afectos no envejecen, como dijo ese gran profesor, ese clasificador es una constante. Si ese clasificador es una constante, igualaría el tiempo. Por eso, tal vez vivamos en un etermo presente. Para que se entienda: así como no se puede estar en todos los cuartos de la casa a la vez, aunque los cuartos existan y potencialmente podamos visitarlos, a través de lo que queremos y lo que no queremos, vamos a poder recorrer lo que pasó y lo que va a venir.


Porque somos tiempo.

La posibilidad de ir y venir en el tiempo está dada por la pregnancia que tiene cada uno frente a las experiencias vividas. Sumada a la predisposición por las experiencias por venir.


La conducta generada en base a la combinación de estos dos factores, el origen y las consecuencias, determinan las elecciones que hacemos permanentemente.


Elaboradas a través de ese condicionante propio, personal, subjetivo; que son los afectos.


Y los afectos no envejecen.

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